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La globalización imperialista

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La ideología de la globalización es un canto de sirenas que pretende señalar el carácter neutral de las transformaciones tecnológicas y científicas desarrolladas con la revolución informática y cibernética... Toda crítica tendente a mostrar los déficit no previstos dentro de la globalización es rechazada en aras de un mundo feliz.

Siempre se ha señalado que las definiciones deben ser claras y distintas. Que no es posible enunciar que un conejo es un animal mamífero, cuadrúpedo, de orejas grandes y colmillos prominentes. Si así fuese, cuando estuviésemos en presencia de un elefante diríamos que se trata de un conejo grande. Del mismo modo, no es posible confundir las formas de presentación de un problema con el problema mismo. Por ejemplo, si definimos una silla, por principio, la definición debe contener todas las posibles sillas, más allá de su color, forma, peso o tamaño. Una silla no deja de serlo por tener tres o cuatro patas; como factor aleatorio no altera su definición.

Lo anterior, una aplicación de sentido común, no lo es cuando trasladamos el ejemplo de la silla al ámbito de las ciencias sociales. Aquí parece que forma y contenido de los conceptos no guardan una relación necesaria sino aleatoria. Se piensa que los cambios socio-políticos o económico culturales dejan fuera de juego categorías de análisis consideradas insuficientes para explicar los cambios que acontecen en la contingencia o coyuntura. Así, surgen nuevos conceptos que pretenden ocupar el vacío dejado por sus anteriores pares con el fin de dar una explicación de sentido más acabado del fenómeno en cuestión.

Baste recordar, como ejemplo, los debates sobre el estatus teórico del concepto de dependencia. Concepto que no se puede dejar a un lado o considerar superado a la hora de explicar las relaciones sociales de producción o las estructuras de poder prevalecientes a escala internacional. Otra cosa es convertir el concepto de dependencia en omnipotente.

Tirar el agua sucia con el niño dentro no es la mejor solución. Sin embargo ésta ha sido la fórmula practicada para sustituir el concepto de imperialismo por el de globalización. Más que pensar en la evolución del imperialismo contemporáneo se prefiere señalar su incapacidad como concepto para explicar las actuales transformaciones del mundo. Éste es el problema que enfrentamos en las ciencias sociales cuando emergen conceptos que parecen querer explicar el nacimiento de realidades que ya no pueden ser definidas a partir de las existentes.

Una manera de evitar esta fácil solución teórica es repensar la capacidad explicativa de los conceptos propuestos. Estructuras sociales cambiantes y nuevos procesos políticos trasforman los espacios culturales, sociales, étnicos o político-económicos, y con ello la capacidad explicativa de los conceptos sociales. Son dichos cambios los que tensan los conceptos, obligando a realizar un esfuerzo de síntesis. Así podemos recrear o crear conceptos que se nos antojan más amplios y adecuados a la relación espacio-tiempo histórico que nos ha tocado vivir. Siempre estamos sometidos a un proceso de construcción crítica y de reflexión teórica acerca de la realidad. Sin embargo, hay ocasiones en que las nuevas definiciones tienden a confundir, cuando no oscurecer, lo ya enunciado. Con esto quiero llamar la atención hacia problemas comunes en el quehacer de las ciencias sociales.

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En un afán pluscreativo se proponen nuevas definiciones, no siempre acertadas, aunque puedan gozar de aceptación social y política generalizada. Es necesario que todo cambie para que todo siga igual. Llamar a las cosas con otros nombres aunque su contenido explicativo sea el mismo. Tirar a la papelera definiciones incómodas o inapropiadas para los tiempos que corren tales como explotación, imperialismo, clase social, burguesía o colonialismo interno es lo que facilita el surgimiento de conceptos elásticos cuya propiedad consiste en explicar el todo y la parte. Hacen las veces de comodín en la baraja; es una suerte contar con ellos. Sin embargo, su peculiaridad más destacada y oculta es que son neutros e intercambiables por cualquier carta.

Es esta neutralidad lo que a mi juicio ha provocado la sustitución del concepto de imperialismo por el de globalización. La definición de imperialismo presupone el desarrollo y la existencia de un capital monopolista a escala internacional, del desarrollo del colonialismo global; mientras, el concepto de globalización presupone una realidad neutra, alude a una fase o estadio de evolución del orden mundial, en la cual están inmersos de igual forma países dominantes y países dependientes.

¿Qué es y qué define la globalización? ¿Qué argumentos descalifican el concepto de imperialismo para explicar la actual fase de desarrollo del capitalismo, y para proponer su sustitución por el concepto de globalización? ¿Qué esconde el llamado proceso de globalización como principio de una etapa histórica diferenciada de las anteriores? Todas estas preguntas no pueden soslayarse a la hora de proponer un discurso basado en la globalización.

"El discurso de la globalidad no sólo obedece a una realidad epistémica legítima. Se está usando también para una reconversión de la dependencia. A menudo contribuye a ocultar u ocultarse los efectos de la política liberal neoconservadora en los países del Tercer Mundo y los problemas sociales más graves de las cuatro quintas partes de la humanidad. En las líneas esenciales del mundo actual es indispensable ver lo nuevo de la globalidad, pero también lo viejo; y en lo viejo se encuentra el colonialismo de la Edad Moderna, un colonialismo global que hoy es también neoliberal y posmoderno. La reconversión es en gran medida una recolonización"

Es este llamado a comprender lo nuevo y no olvidar lo viejo, a pensar en términos históricos concretos los cambios que se suceden, es cierto, con gran celeridad, lo que está pendiente. No basta con señalar que la globalidad es un hecho, es necesario hacer explícito su significado. Por consiguiente, si la globalización expresa una nueva realidad, cosa que no discutimos, se encuentra inmersa en un fenómeno más amplio: la evolución actual del imperialismo, y está sometida a las consideraciones que derivan de su estudio. La globalización como un concepto neutral valorativo encubre una ideología que se traduce en el rechazo a una opción política de cambio social fundado en los principios teóricos de la construcción del socialismo. Por consiguiente, el uso del concepto de globalización puede ser precisado si se incorpora como parte de la teoría del imperialismo y de su configuración actual.

Imperialismo y globalización

Una de las características del desarrollo del capitalismo en el último cuarto del siglo XX y principios del siglo XXI es el grado creciente de "despolitización" y la desideologización de las decisiones políticas. En otras palabras, las propuestas del nuevo imperialismo consisten en despojar de un criterio político toda valoración sobre el proceso de toma de decisiones acerca de la dirección que asume el proceso de concentración y centralización del capital a nivel trasnacional.

Para lograr un consenso acerca de lo acertado de las decisiones despolitizadas se recurre a una proyección fundada en el grado de universalidad del proceso científico-técnico inducido por la "revolución informática". Revolución cibernética que acelera el progreso técnico y abre las puertas a una nueva modernidad (post). Por consiguiente, resulta inevitable tomar decisiones que faciliten la incorporación de las nuevas tecnologías a los procesos productivos. Se trata de no perder el tren del progreso.

Bajo esta visión tecnócrata se aduce la necesidad de acelerar los cambios de manera que favorezcan una eficiente inserción global y evitar el rezago. Rezago que haría perder la oportunidad para ubicarse estratégicamente en el grupo de países capaces de subirse al tren del progreso. Progreso manifestado en la robótica, la informática, la inteligencia artificial, la transformación del mercado de trabajo, la producción y los capitales. Por estas razones, a los responsables políticos y a los gobiernos proclives a este canto de sirenas les basta con señalar su responsabilidad para justificar las políticas de ajuste a la hora de operar en un mundo cada vez más pequeño y estrecho. La aldea global de Marshall McLuhan.

 

¿Cómo entonces oponerse a la globalización? ¿Quién no quiere beneficiarse del progreso? ¿Quién va a asumir la responsabilidad de seguir manteniendo a sus conciudadanos en condiciones hoy comparables con la Edad de Piedra?

Se trata de hacer tabula rasa de las contradicciones que presenta un mundo cada vez más desigual (2), proponiendo un maratón donde no hay favoritos y en el cual las reglas del juego son iguales para todos. Así, Haití puede convertirse en una nueva Alemania, Bolivia en Japón y Honduras en Estados Unidos. Lo importante es participar, no perder el ritmo y seguir las normas. Ahora bien, si se quiere estar entre los mejores basta con modificar y aceptar los criterios que impone la "globalización".

De esta manera la globalización resulta ser un hecho incuestionable. Expresión de un proceso que no tiene principio de explicación, nacida de la nada, es un milagro cuyo misterio no es posible sea desentrañado por los seres humanos. Éstos harían mejor en someterse a sus postulados, con el fin de no ser excomulgados, o considerados involucionistas o herejes.

Todo el fenómeno de la globalización está impregnado de un halo místico, cuya religiosidad radica en la fe en el progreso y el orden espontáneo del mercado. No hay lugar para discursos alternativos, son un obstáculo para el advenimiento del nuevo orden internacional.

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La ocultación del principio explicativo sobre el cual se asienta el discurso de la globalidad hace pensar que estamos ante una nueva realidad, radicalmente diferente. La Coca-Cola ya no es la Coca-Cola. Es de dieta y sin cafeína. Toda referencia al pasado resulta odiosa y tiende a revivir experiencias que deben ser olvidadas. Se inicia un nuevo ciclo histórico y por ello se considera caduco el conjunto de razonamientos que acompañaron las interpretaciones pasadas. El mito de un eterno retorno. El simbolismo del "centro", de una nueva era, es lo que define la ideología de la globalización. Así es posible emprender nuevamente un camino totalmente distinto de los hasta ahora intentados.

La globalización abre las puertas. La globalidad como centro "es, pues, la zona de lo sagrado por excelencia, la de la realidad absoluta. Todos los demás símbolos de la realidad absoluta (árboles de vida, y de la inmortalidad, fuente de la juventud, etcétera) se hallan igualmente en un centro. El camino que lleva al centro es un 'camino difícil', y esto se verifica en todos los niveles de lo real: circunvalaciones dificultosas de un templo; peregrinación a los lugares santos (La Meca, Jerusalén); peregrinaciones cargadas de peligros de las expediciones heroicas del vellocino de oro, de las manzanas de oro, de la hierba de vida, etcétera; extravíos en el laberinto; dificultades del que busca el camino hacia el yo, hacia el 'centro' de su ser, etcétera. El camino es arduo, está sembrado de peligros, porque, de hecho, es un rito del paso de lo profano a la sagrado; de lo efímero a lo ilusorio, a la realidad y la eternidad; de la muerte a la vida; del hombre a la divinidad. El acceso al 'centro' equivale a la consagración, a una iniciación; a una existencia ayer profana e ilusoria le sucede ahora una nueva existencia real, duradera y eficaz"

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Hoy se peregrina hacia la globalización. Una era marcada por el comienzo de un mundo sin historia. El nuevo milenio se anuncia sin incertidumbres. La llamada al fin del mundo no es un recurso para luchar contra la modernidad. El paso del siglo XX al siglo XXI se dio sin traumas ni rupturas. Por primera vez, el tiempo venidero es un tiempo seguro, unitario y lineal de progreso generalizado. El centro geográfico lo compone la triada del imperialismo trasnacional: Japón, Alemania y Estados Unidos. Países hegemónicos cuyos bloques presuponen la existencia de países aliados y países subordinados. En este sentido, las diferencias se profundizan.

El nuevo carácter del imperialismo está en las determinaciones sobre las cuales se recompone y se desarrolla la explotación global. El Tercer Mundo es mucho más Tercer Mundo. Con la inclusión, ahora, de los países del ex bloque soviético. China sigue siendo el gran olvidado en esta proyección estratégica del imperialismo del siglo XXI. País con mil millones de habitantes ausente dentro de esta "globalización" neutral.

La ideología de la globalización es un canto de sirenas que pretende señalar el carácter neutral de las transformaciones tecnológicas y científicas desarrolladas con la revolución informática y cibernética. Así, no es posible romper o abandonar el camino que implica una nueva modernización despolitizada y carente de trasfondo ideológico. Toda crítica tendente a mostrar los déficit no previstos dentro de la globalización es rechazada en aras de un mundo feliz.

Hasta el momento, no se considera una definición de globalización que nos enuncie lo que le es propio y lo independiza del proceso imperialista actual. Como señalara Agustín Cueva, refiriéndose a la teoría de la dependencia: "Tanto la dominación y la explotación imperialistas, como la articulación particular de los modos de producción que se da en cada una de nuestras formaciones sociales, determinan que incluso las leyes propias del capitalismo se manifiesten en ellas de manera más o menos acentuada o cubiertas de 'impurezas' (como en toda formación social por lo demás), pero sin que ello implique diferencias cualitativas capaces de constituir un nuevo objeto teórico, regido por leyes propias, ya que la dependencia no constituye un modo de producción sui géneris (no existe ningún modo de producción capitalista dependiente como en cierto momento llegó a decirse) ni tampoco una fase específica de modo de producción alguno (comparable a la fase imperialista del modo de producción capitalista, por ejemplo) sino que es la forma de existencia concreta de ciertas sociedades cuya particularidad tiene que ser desde luego estudiada"

La afirmación de Cueva guarda toda su valor explicativo si sustituimos el concepto de dependencia por el concepto de globalización. Si no se quiere repetir errores, no es una cuestión de dogmatismo o pesimismo histórico señalar que la globalización conlleva un mayor grado de explotación y de aumento de las desigualdades entre países imperialistas y países dependientes subordinados. En este sentido, no se trata de oponerse a la globalización por cabezonería o un dogmatismo extremo. Es la defensa de los principios de soberanía, el derecho a manifestar la diferencia y definir un camino propio de desarrollo y cambio social lo que aconseja realizar una crítica radical. El sustrato que subyace a tal propuesta crítica consiste en desvelar el misterio de esta peregrinación al centro de un mundo menos humano y sin embargo más "globalizado" en el imperialismo.

 

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Comentarios La globalización imperialista

que trizteva ver todo esto 
augusto augusto 28/09/2010 a las 04:24
que trizteva ver todo esto 
augusto augusto 28/09/2010 a las 04:24

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